¿Cuántas veces nos habrán llamado a las mujeres el sexo débil? Ni se sabe.
Lo que sí se sabe son las pruebas que no se reconocen sobre las mujeres a lo largo de la historia y que no se tienen en cuenta.
Yo tenía un amigo que para asegurarme de lo poco que habíamos hecho las mujeres a lo largo de la historia en comparación con los hombres, me decía que le enumerase las mujeres que habían hecho grandes descubrimientos, que hubiesen ganado batallas, en fin, que hubiesen hecho lo que hace al varón ser tan importante con respecto a la mujer. Yo le decía que seguro que habían muchas más mujeres importantes de las que se nos dicen(que son más bien pocas; y es que en el colegio e instituto se les “olvida” nombrar a esas mujeres tan importantes que también forman parte de nuestra historia). De las pocas que nos enseñan en los colegios e institutos (alguna escritora que usaba seudónimo masculino para que se pudiesen publicar sus libros y pocas más).
Como gobernantas, siempre hay reinas que consiguieron llegar a ese puesto gracias a que su madre no pudo engendrar ningún varón. Si lo hicieron mal no tienen que envidiar a ninguno de los reyes anormales que ocuparon el mismo puesto y que no sabían dónde tenían la cara…
Como científicas, se ha llegado a decir que fue la esposa de Newton la que hizo los descubrimientos científicos en vez de él, pero al ser mujer no podía otorgársele el mérito a ella. En cuanto a descubrimientos arqueológicos, hubo una mujer la que consagró su vida a ello y la que descubrió gran parte de los restos de dinosaurios más famosos que se conocen hoy día, pero no la admitieron para tal menester en la universidad de su país sólo por ser mujer. Y recalco más famosos, que no quiere decir ni todos ni los más importantes, pero que tiene su mérito no reconocido.

Por primera vez desde la creación del Premio Nacional de Ciencias en Costa Rica, una mujer, la joven científica de 32 años, Caterina Guzmán Verri, fue distinguida con este galardón, constituyendo un hito en la historia de estos premios. Además de Guzmán, otras siete mujeres merecieron distinciones.
En los famosos pueblos no “civilizados”, como indios de Norteamérica, celtas, bárbaros, mongoles, se trataba a las mujeres como iguales; y muchas condujeron grandes ejércitos con total éxito y también participaron innumerables mujeres como guerreras. Incluso cuando los romanos fueron a conquistar Britania se toparon con una reina celta que les puso las cosas muy difíciles. Reagrupó a los pueblos celtas y los unió contra los romanos, estuvo a punto de echarlos de la ísla pero fue vencida por éstos, y para no caer en sus manos, se suicidó junto a sus hijas. Algo parecido ocurrió en la Galia con un celta, que también estuvo a punto de expulsar a los romanos, pero se tuvo que rendir ante éstos y fue llevado a Roma donde fue torturado (según recuerdo); a éste lo he nombrado para que se vea que no hubo mucha diferencia que digamos en los dos casos, que tanto aquélla reina como éste tuvieron gran importancia y son del sexo opuesto.
Muchas veces escucho historias sobre familias donde muere uno de los cónyugues. Me suele llamar mucho la atención un detalle que se suele repetir si hay hijos en la pareja. Y es que, si muere la mujer, el padre de esos hijos parece verse imposibilitado para ocuparse de ellos ya que tiene que trabajar y los suele dar en adopción o en casas de acogida (no es siempre así en todos los casos, pero es lo que más se suele escuchar).
Sin embargo, si es la mujer quien queda viuda, busca trabajo desesperadamente en lo que sea para poder mantener a sus hijos, aunque no le quede tiempo ni de respirar. Y hay que tener en cuenta que a las mujeres se les da los peores trabajos, los más mal pagados y no se les tiene consideración al ser ciudadanas de segunda clase. Por supuesto que se dan casos de madres que abandonan a sus hijos, pero son los menos.
Hoy día y con esa igualdad que se está poniendo de moda se nos deja trabajar, además de dentro de casa, ¡fuera también! Los hombres pueden descansar sus huevos en el sofá viendo el fútbol (tíos muy bien pagados que hacen como que trabajan por perseguir un balón, y que si no tienen muchas ganas de correr dejan al equipo contrario que paseen el balón ellos por el campo), y mientras, ésas mujeres que son el sexo débil, tienen que preparar la cena, niños, limpieza y demás, mientras el zángano de su marido se los rasca muy a gusto.
Dicen que físicamente somos más débiles, y yo me río de tal subnormal afirmación. No podemos competir físicamente si a partir de los 12 o 13 años ya se supone que debemos hablar de novios en vez de seguir practicando deportes (afortunadamente esto ya está cambiando) ¡Anda y que no le he pegado yo palizas a imbéciles de mi barrio cuando era chica cuando éstos se me ponían tontos! Y no es que yo les ganase en altura o fuese físicamente una bestia. No. Yo siempre he sido muy delgada, pero con mucho orgullo y que aprendo fácil. La suerte que tuve es que mis padres no me lavaron el cerebro diciéndome que por ser niña era menos persona, más débil o menos inteligente que los niños. Pero muchas no se atreven a hacer estas cosas porque te miran como una marimacho, o como un bicho raro o cualquier gilipollez por el estilo, por lo que terminamos en el mismo punto de hacer lo que la sociedad dicta: las niñas a jugar a ser madres sumisas y entregadas al hombre, y ellos a ser los fuertes, aunque no se cumpla eso físicamente por naturaleza, sino por cabezonería de nuestra sociedad.
Las mujeres hemos sido muy poco respetadas a lo largo de los siglos y continúa actualmente. Cuando consigamos ser consideradas iguales a los hombres, porque lo somos, no habremos ganado una batalla, sino mil batallas.

Somos las grandes perdedoras en las guerras, los hombres se creen con todo el derecho del mundo a violarnos. En los países pobres secuestran a las niñas para prostituírlas. Nunca se me olvidará un documental filmado en Asia, donde cuentan que la mísma policía secuestra a niñas para llevarlas a prostíbulos. Y nunca se me olvidará la mirada de una de esas niñas que secuestraron y que para poder volver a ser libre tenía que pagar una cuota muy alta (en carne, por supuesto). La dejaban volver cada semana a visitar a su familia, a mi aquello me extrañó mucho pero era así, y su hermano decía que cada semana se la veía peor, cada vez más deprimida y no podía dejar de llorar. No hablaba con nadie. Dijeron que muchas de estas niñas terminan suicidándose, aquella niña no parecía capaz de poder resistir mucho tiempo más así. Y…¿Quiénes eran los clientes principales de esos prostíbulos? Respuesta fácil: los turístas occidentales, los “civilizados”, los “hombres de bien”. Y es que nuestra sociedad está enferma.
Pero…seguimos siendo el sexo débil. Y a veces me pregunto que si ser considerada el sexo débil por los depravados que forman nuestra sociedad debe ser considerado motivo de insulto o de lástima porque los pobres no dan para más…